EL DEBER DE TRABAJAR

 

12/03/2011                                      

EL DEBER DE TRABAJAR

Dios les bendiga grandemente,

Sabemos que para este tiempo el empleo está un poco complicado, pero hermanos como primera medida tengamos en cuenta siempre que todo lo podemos en Cristo, y que el nos escucha cada vez que clamamos y le seguimos con un corazón sincero.

2. Tesalonicenses 3: 1 – 13

3:1 Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, 
3:2 y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe. 
3:3 Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal. 
3:4 Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os hemos mandado. 
3:5 Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo.
3:6 Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. 
3:7 Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, 
3:8 ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; 
3:9 no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. 
3:10 Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. 
3:11 Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. 
3:12 A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan. 
3:13 Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien. 

Nos muestra lo bendecidos que somos cada que trabajamos ya que de esta manera no seremos imitadores de los que llevan una vida en desorden, sino que por el contrario seremos ordenados con nosotros mismos y de ésta manera seremos hombres de testimonio, y nos regocijaremos porque hemos llevado a nuestra casa un pan de bendición , gracias a nuestro esfuerzo diario; por esta razón nuestro Padre Celestial, nos pide ser exhortados, por duro que parezca, o en algunos casos donde no exista ese deseo de trabajar, lo mejor será pedir a Dios amor por la labor para realizarlo como si fuera para él, para que así nos gocemos cada vez que lo hagamos; que no sea motivo de vergüenza el oficio que nos toque desempeñar, después de que sea recto Dios nos respaldará, y seremos bienaventurados.

Dios les bendiga.

Sandra Landivar.

Cali, Colombia

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Publicado el 13/03/2011 en Shalom a las Naciones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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